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09 abril 2007

coleccionando (II)



Algunos objetos viajan más que muchas personas.
Éste -un cenicero que no es bonito, que no cuesta dinero, que no fue comprado por nadie especial para nadie especial- ha cruzado dos veces un océano, el Atlántico, ha pasado algunos años en Nueva York, ha recorrido varios estados americanos, ha atravesado fronteras en Europa: de Treviso en Italia, a Madrid en España. Ha sobrevivido durante años a mudanzas, fiestas, cenas, noches en blanco, golpes, caídas accidentales al cubo de la basura, detergentes más o menos abrasivos... hasta que llegó a mi. Que nunca he estado en Nueva York, que no conozco Treviso y que ni siquiera fumo.

Precisamente por eso, es el mejor regalo que podían hacerme.

31 marzo 2007

coleccionando


Me gustan las cosas que no importan. Que no valen nada. Que se pierden durante años en el fondo de los cajones. De los bolsillos. Que cuando encuentras no podrías tirar porque –joder- ese trozo de plástico lleva contigo más tiempo que algunos amigosdetodalavida.
Esas cosas pueden ser lápices, cajitas de caramelos, ceniceros, envoltorios de regalos de comunión o palabras.
Ésta me la regaló la hija de un amigo del barrio. Tiene cuatro años y churretes de helado en las mejillas.